En el relato oficial la realidad no cuenta. Esta es la doctrina nihilista de los postmodernos, es decir, de los negadores de toda metafìsica y por tanto de toda referencia al ser, al ser autèntico de lo que las cosas son. Ningùn respeto,insisto, por la realidad. En la pràctica , en su manejo de la cosa pùblica son muy concretos y maquiavèlicos: sobre todo cuando se trata de cazar y casar negocios, acumular billetes y espacios de poder. Tambièn son ràpidos y sagaces para articular la impunidad. La mentira, la corrupciòn y la manipulaciòn estàn en el nùcleo duro de su naturaleza voluntarista. Para ellos todo es "constructo social"... dibujo, diseño y reverberaciòn machacona del relato y la propaganda alienante y totalitaria. No hay nada dado que se deba respetar. Su obseciòn es garantizarse un enemigo a la vista y promover el conflicto; no perder la iniciativa para definir la contradicciòn principal (aprendieron su maoìsmo en los setenta). Son grandes aduladores y van perfeccionando el arte de la demagogia. Recurren a todas las falacias y a todos los sofismas y, siempre que pueden, a un buen mito que sacuda y conmueva el "inconsciente colectivo". El màs fresco en estos dìas, el de la "soberanìa hidrocarburìfera" declamado en Vèlez por la nueva Dèspota Ilustrada de los Argentinos. Esto me da la oportunidad para repasar la historia del concepto soberanìa en la Filosofìa del Estado y del Derecho. La etimologìa del tèrmino registra como su antecedente inmediato la palabra superamus, del bajo latìn durante la Edad media, usada para designar cualquier funcionario investido de autoridad superior. La idea y la expresiòn sobernìa es un "invento" moderno distinto de la "autarkèia" aristotèlica ( suficiencia, perfecciòn o capacdidad de bastarse a sì mismo) y se acuñò a principios de la Edad Moderna en el francès-- souverain-- como tìtulo que se daba al rey : "soberanìa" pasò a designar una cualidad -- supremacìa - de un poder que se ejercìa sobre todos; sentido del que fue su primer expositor Jean Bodin (1529-1596) en sus Seis Libros de la Repùblica ("poder absoluto y perpetuo de dar la ley sin someterse a ella"). El gran politòlogo argentino y maestro de Derecho Polìtico Mario Justo Lòpez hizo en 1967 un magnìfico estudio sobre "la soberanìa" que publicò en los Cuadernos de Derecho Polìtico de la Cooperadora de Derecho y Ciencias Sociales. Ahì reseñò las grandes teorìas sobre la soberanìa : desde el mencionado Bodin en sus Seis Libros sobre la Repùblica escrito para justificar el absolutismo monàrquico, hasta la "soberanìa popular" de JJ Rousseau en su Contrato Social escrito para justificar el totalitarismo democràtico. A renglòn seguido Lòpez presenta el parecer a favor y en contra de los màs importantes comentaristas del tèrmino , para concluir finalmente con su propia y rotunda conclusiòn: ( El tema de la soberanìa...),dice, "es posiblemente una de las cuestiones màs oscuras y màs confusas de la teorìa polìtica. Quizà tambièn una de las màs inùtiles ... No hay comunidad sin polìtica y la polìtica, no importa cuàl sea su faz, implica siempre una relaciòn de mando y obediencia. La cuestiòn para los que valoramos muy alto la dignidad humana, consiste en que la relaciòn polìtica no lleve el estigma del oprobio, o, para decirlo de otro modo, no sea una relaciòn entre capataces con làtigo y lacayos sin honor. Y la nociòn o la doctrina de la soberanìa de nada sirve-- sino al contrario-- para esa anhelada humanizaciòn de la relaciòn polìtica. Por eso la desechamos".
La declamada "soberanìa hidrocarburìfera" y las que le seguiràn-- "vamos por todo" han proclamado-- no es màs que una cortina de humo, un recurso linguìstico de manipulaciòn , un subterfugio ideològico de idiotizaciòn colectiva para poder seguir robando en este gran latrocinio en que han convertido a la Argentina. A los miembros de la clase dirigente que acompañan este tramposo proyecto de soberanìa impulsado por los afanosos de poder no les corresponde otro calificativo que el de "lacayos sin honor", como dijera el gran maestro Mario Justo Lòpez; a quien rindo modesto homenaje con esta recordaciòn de su obra.( Antes que la discusiòn sobre la estatizaciòn, debìa exigirse como condiciòn sine qua non una rendicòn de cuentas, investigaciòn y asignaciòn de responsabilidades). Finalmente y para terminar: un grito de esperanza: ¡ sòlo uno es Soberano, el Dios Creador de la Vida y Unico Legislador Absoluto: sus leyes inmutables y universales ningùn perverso positivismo jurìdico las podrà conculcar jamàs!.
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ResponderEliminarCoincido plenamente con la crítica a la política demagógica del gobierno y a la manipulación del término soberanía.
ResponderEliminarDiscrepo humildemente (mi formación, si alguna tengo, no es filosófica ni humanística) con la afirmación de que la soberanía no existe. Siempre he entendido que ser soberano es ejercer el señorío sobre lo propio. Naturalmente que el Soberano perfecto es Dios, pero entiendo que los hombres también somos soberanos en nuestro ámbito. Tal vez no en forma perfecta, pero somos soberanos de nuestro propio ser cuando somos capaces de dominar las pasiones y los deseos desordenados y los ponemos bajo el mando de la inteligencia. También el padre de familia es soberano en su casa y el rey es soberano de su nación.
Tal vez debamos afirmar también que la soberanía no es un derecho innato sino que se gana con el recto uso del mando, como enseña Nuestro Señor: siendo servidores de los demás. La soberanía de la Nación está fundada en la sangre generosa de los los que la dieron por su causa.
EG